A menudo, la palabra fetiche se queda encerrada en el imaginario del dormitorio, pero su origen es mucho más místico y profundo de lo que pensamos.
Etimológicamente, proviene del latín facticius (artificial o inventado) y evolucionó al portugués feitiço, que significa hechizo. En su sentido original, el fetichismo es una forma de creencia donde se considera que ciertos objetos poseen poderes mágicos o sobrenaturales capaces de proteger a quien los porta. Bajo esta premisa, ¡tus amuletos de la suerte también son fetiches!
Pero, ¿cómo se traslada este «hechizo» a nuestra sexualidad?
En el terreno erótico, el fetichismo consiste en la excitación o la consumación del placer a través de un objeto concreto, una sustancia, una parte del cuerpo o una situación específica. Es importante recordar que se trata de una práctica totalmente inofensiva, siempre que se viva desde el disfrute y el consenso.
Nuestra cultura está llena de estas pequeñas fijaciones que nos apasionan y nos suben el ánimo:
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Iconos de estilo: ¿Recordáis a Carrie Bradshaw en Sexo en Nueva York? Su adoración casi religiosa por los zapatos era su fetiche personal.
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El poder del rol: Uniformes militares, de bomberos, personal sanitario o secretaría… ¿Tópico o realidad? Aunque no siempre lo hablemos abiertamente, la simbología de estas vestimentas tiene un magnetismo innegable.
Mi encuentro con el Foot Fetish
Hace un tiempo, en mi programa Granada Erótica, comencé aceptando mi propio fetiche: las manos de los hombres. Pero hoy quiero hablaros de una experiencia que cambió mi visión sobre los fetiches de pies, un mundo que muchas veces se recibe con un «¡puaj, qué asco!» pero que esconde una sensualidad fascinante.
Mi aventura comenzó en Málaga. Asistí a un evento fetichista con curiosidad y ese cosquilleo típico de quien va a descubrir algo nuevo. Allí, rodeada de profesionales, descubrí que el universo del Fetish Feet es tan grande como complejo.
«Visto desde fuera puede parecer extraño, pero una vez que entras en el juego, descubres que es un mundo de caricias, besos y adoración absoluta. Dejé mis pies en sus manos y bocas y, tras la primera impresión, os aseguro que es placentero, divertido y muy excitante.»
En el sexo, como siempre digo, dar placer genera placer. Para estos hombres, jugar con los pies de una mujer es una fuente de excitación inmensa, y esa energía se contagia, convirtiéndose en una experiencia gratificante para nosotras también.
Próximamente en el Blog…
He tenido el gusto de llevar estas experiencias a mis reuniones y talleres de IntimaSenza, y me ha sorprendido gratamente cuántas mujeres ya conocían y disfrutaban de este fetiche.
Hoy tengo la suerte de contar con colaboradores expertos, como «El Viajero», quien nos ha preparado un artículo detalladísimo sobre este tema. Estad muy atentas, porque el próximo martes publicaremos aquí mismo: «Descalcemos el Sexo», una guía para explorar esta vertiente tan sensorial de nuestra anatomía.
¿Y tú? ¿Cuál es ese objeto o situación que actúa como tu hechizo particular? Cuéntame tus dudas o experiencias en los comentarios; estaré encantada de responderte lo más pronto posible.
Maria del Mar
Asesora X