Diez años acompañando la sexualidad: lo que he aprendido sobre el placer, la edad y el cuidado
Hay conversaciones que empiezan con una pregunta tímida, una mirada cómplice o una sonrisa nerviosa. Y, poco a poco, se convierten en algo mucho más importante: una oportunidad para aprender, conocernos mejor y hablar sin vergüenza de algo tan natural como nuestra sexualidad.
Después de más de diez años acompañando a mujeres en reuniones Tuppersex, talleres y, ahora, desde mi tienda IntimaSenza, he aprendido muchas cosas. Pero hay una que cada vez tengo más clara: la sexualidad no tiene fecha de caducidad.
Cambia con los años, con nuestras experiencias, con nuestro cuerpo y con nuestras circunstancias. Pero sigue formando parte de quienes somos.
La madurez también es una etapa para descubrir
Durante mucho tiempo, la conversación sobre sexualidad parecía estar reservada a la juventud. Como si el deseo, el placer y la curiosidad tuvieran una fecha límite.
Sin embargo, a lo largo de estos años he conocido a mujeres que, llegada la madurez, han decidido empezar a hacerse preguntas que nunca antes se habían permitido plantear.
Mujeres que quieren conocerse mejor, descubrir otras formas de sentir placer, cuidar su salud íntima o encontrar soluciones para los cambios que experimentan con la edad.
Mujeres que necesitan información, asesoramiento y, sobre todo, un lugar donde puedan preguntar con tranquilidad, sin sentirse juzgadas.
Porque cumplir años no significa dejar de tener curiosidad. Tampoco significa renunciar al placer, a la intimidad o al deseo de sentirse bien con una misma.
A veces, simplemente, necesitamos que alguien nos escuche y nos explique las cosas con naturalidad.
Esa es una de las lecciones más importantes que me ha regalado mi trabajo: cuando una mujer encuentra un espacio donde puede hablar sin vergüenza, también puede empezar a cuidarse de otra manera.
La vida me ha devuelto a los mayores: una nueva lección
En esta etapa de mi vida, he vuelto a estar cerca de las personas mayores a través de mi trabajo en una residencia.
Y esta experiencia me está haciendo reflexionar de nuevo sobre algo que llevo años defendiendo: la sexualidad no pertenece únicamente a una etapa de la vida.
En una residencia, hablar de sexualidad requiere sensibilidad, respeto y una mirada abierta. Hay que entender que cada persona tiene su propia historia, sus necesidades, sus límites y su manera de vivir la intimidad.
Pero también hay que recordar algo fundamental: las personas mayores siguen siendo personas con emociones, necesidades afectivas y, en muchos casos, deseo sexual.
La intimidad puede expresarse de muchas formas:
- Una caricia o una mano que busca otra mano.
- Una mirada que transmite complicidad.
- Un abrazo que aporta seguridad.
- La necesidad de sentirse querido, escuchado y acompañado.
- El deseo de mantener una relación afectiva o sexual.
- El placer de seguir descubriendo qué nos hace sentir bien.
No todas las personas necesitan lo mismo, ni todas desean vivir su sexualidad de la misma manera. Y precisamente por eso es tan importante escuchar, preguntar y respetar.
La edad no elimina el derecho a la intimidad, al afecto ni a decidir sobre el propio cuerpo.
Acompañar a una persona mayor también significa reconocer esa parte de su identidad, sin infantilizarla ni dar por hecho que ya no le interesa.
¿Y si habláramos de sexualidad con más naturalidad a cualquier edad?
Todavía nos cuesta hablar de estos temas. A veces, por vergüenza; otras, porque hemos crecido con la idea de que determinadas cosas no se preguntan o de que el placer es algo de lo que no debemos hablar abiertamente.
Cuando se trata de las personas mayores, los silencios pueden ser todavía mayores.
Sin embargo, hablar de sexualidad también es hablar de bienestar, autoestima, vínculos afectivos, cambios físicos y necesidades emocionales.
En algunas etapas pueden aparecer molestias, sequedad vaginal, cambios en el deseo o dificultades relacionadas con la salud. En otras, lo que se necesita es descubrir nuevas maneras de disfrutar, adaptarse a los cambios del cuerpo o encontrar más espacio para la intimidad.
Hay recursos, productos y profesionales que pueden ayudar, siempre desde una información adecuada y respetando las necesidades de cada persona.
No se trata de imponer una forma de vivir la sexualidad, ni de pensar que todo el mundo tiene que mantener relaciones sexuales. Se trata de que nadie sienta que debe renunciar a preguntar, a expresar sus necesidades o a recibir orientación por el simple hecho de cumplir años.
Lo que quiero seguir construyendo desde IntimaSenza
Si algo he aprendido durante estos más de diez años es que detrás de cada consulta hay una persona, una historia y, muchas veces, una pregunta que llevaba demasiado tiempo guardada.
Por eso, IntimaSenza es para mí mucho más que una tienda. Es un proyecto nacido de la necesidad de ofrecer información, asesoramiento personalizado y un espacio donde la sexualidad pueda abordarse con naturalidad.
Y ese propósito sigue creciendo.
También forma parte de lo que quiero impulsar desde ShiS Coworking Femenino, en Armilla: un lugar donde las mujeres puedan compartir experiencias, aprender, cuidarse y descubrir que no están solas en sus dudas.
Quiero seguir hablando de salud íntima, de placer, de menopausia, de cambios vitales y de todas esas cuestiones que forman parte de nuestra vida, aunque durante mucho tiempo hayan permanecido en silencio.
Porque cuidarnos no debería depender de nuestra edad. Y porque nunca es tarde para aprender algo nuevo sobre nuestro cuerpo, nuestras emociones o nuestra manera de disfrutar.
La sexualidad no tiene edad. El respeto, tampoco.
Hoy miro hacia atrás y me doy cuenta de cuánto he aprendido escuchando a otras mujeres. Y ahora, desde esta nueva experiencia junto a las personas mayores, siento que todavía me queda mucho por aprender.
La vida nos cambia, el cuerpo se transforma y nuestras necesidades evolucionan. Pero seguimos mereciendo respeto, intimidad, afecto y la posibilidad de vivir esta parte de nosotros mismos con libertad.
Ese es el camino que quiero seguir recorriendo.
Desde IntimaSenza, en la calle Jueves de Armilla, seguiré ofreciendo algo que considero esencial: un lugar donde preguntar sin vergüenza, recibir asesoramiento con cercanía y recordar que nunca dejamos de merecer bienestar, cuidado y placer.
Porque la sexualidad no tiene fecha de caducidad. Y hablar de ella con naturalidad también es una forma de cuidarnos.
¿Crees que seguimos hablando poco de sexualidad cuando llegamos a la madurez? Me encantará conocer tu opinión y seguir abriendo esta conversación contigo.